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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007.

LA VERDADERA HISTORIA DEL AÑO DE LOS TIROS (VIII)

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Las Consecuencias.

Foto: D. José González Domínguez, Alcalde de Zalamea en Febrero de 1888. Encabezó la manifestación, presenció desde el balcón del Ayuntamiento de Riotinto las descargas de fuego sobre los manifestantes y dio testimonio de ello a la prensa de la época.

            La masacre tuvo un efecto devastador en la gente sencilla del pueblo, que durante los días posteriores, y aún mucho después, vivió atemorizada y angustiada no sólo por lo que presenciaron sino por la feroz represión que ejercieron las fuerzas del orden. Los heridos que fueron recogidos en la plaza, después de ser atendidos, fueron  detenidos y algunos de ellos enjuiciados; razón por la cual muchos de los heridos que en un principio habían logrado huir se negaron a recibir asistencia médica y acabaron engrosando el número de muertos. Se realizaron registros domiciliarios en busca de Tornet y de otros cabecillas de la huelga y de la manifestación que no habían sido localizados hasta entonces, se enviaron nuevos refuerzos de soldados y guardias que  establecieron controles en las poblaciones de la Cuenca, especialmente en Riotinto, viviéndose un auténtico estado de excepción;  de hecho hubo un intento de traspasar el mando a una autoridad militar, aunque el gobernador finalmente no lo consideró necesario. El miedo caló tan hondo en la población que  se eludía tratar del asunto públicamente; aunque, como es lógico, en círculos privados o de puertas para adentro no se hablara de otra cosa. Un ejemplo de ello lo tenemos en la sesión que la corporación municipal de Zalamea celebró el domingo 5 de Febrero, un día después, y en la que oficialmente no se hizo constar en las actas nada de lo ocurrido. ¿Podemos imaginarnos que aquellos hombres no trataran  de lo que pasó apenas 24 horas antes? ¡Y fue presidida por el alcalde José González Domínguez, uno de los protagonistas! Probablemente fue el asunto más importante de la sesión, por no decir el único, pero se  evitó reflejarlo en el acta.

            El lunes siguiente la mayoría de los obreros volvieron al trabajo y las movilizaciones populares contra los humos se cortaron de raíz. Transcurriría más de doce años antes de que se registrara otra protesta obrera porque a la represión se unió el endurecimiento de las medidas de la compañía inglesa contra los mineros que secundaron la huelga. Se incrementaron los despidos  y las reivindicaciones salariales fueron rechazadas de plano y  sólo se aceptó la supresión de la peseta de contribución médica después de trascurridas unas semanas, para que nadie las relacionara con las movilizaciones, medida que la empresa ya tenía pensado aplicar antes de la huelga. Pero la Compañía también aprendió algo de aquel día, en lo sucesivo debería intervenir en política y ocuparse más del entramado social de la población, creando servicios de atención a los obreros y a sus familias

            Las víctimas oficialmente reconocidas recibieron ayudas de algunas instituciones, ayudas que se llevaron a cabo muy a pesar de las publicaciones afines a la empresa y de algunos sectores políticos. Tomó la iniciativa en este sentido el Ayuntamiento de Zalamea la Real que con fecha del 11 de Febrero de aquel mismo año ya acordó abrir una suscripción para socorrer a las víctimas a la vez que proponía al resto de los Ayuntamientos de la comarca hiciesen lo mismo. Un intento anterior, del 8 de Febrero, promovido por Ordóñez Rincón en la Diputación Provincial, fue rechazado por motivos políticos ya que implicaba el reconocimiento tácito de la responsabilidad del gobernador civil y del ejército. Las ayudas procedieron también de aportaciones  particulares y de medios de comunicación.

            ¿Todo acabó entonces aquel 4 de Febrero? Evidentemente no. Los trágicos sucesos de aquel día  tuvieron una gran resonancia a nivel nacional. La noticia acaparó las portadas de los principales periódicos, que además se siguieron ocupando de ella durante bastante tiempo. Por otra parte la liga antihumista continuó moviéndose en círculos políticos tanto en la diputación provincial como en la capital de España donde, desde hacía algún tiempo, una comisión de la liga formada por cuatro personas realizaba gestiones para conseguir sus propósitos.

            Así pues la presión mediática y política, incluso desde dentro del mismo partido del gobierno, consiguió que el 29 de Febrero, 25 días después, José Luis Albareda, ministro de la gobernación, publicara el real decreto prohibiendo las calcinaciones al aire libre. En él se establecía que este sistema debería ir reduciéndose gradualmente hasta desparecer, estableciéndose como fecha límite Enero de 1891.

            Pero la Compañía inglesa era demasiado poderosa como para rendirse ante obstáculo tan vano. Desató una intensa campaña a todos los niveles, utilizando todos los medios a su alcance, que eran muchos, prensa, supuestos expertos en medicina y salud, políticos; todos ellos tenían, además de las declaradas razones de interés público, otras no tan declaradas de interés privado puestas al servicio de la empresa. El caso es que el decreto acabó convirtiéndose en papel mojado, no se respetó en absoluto y el 29 de Noviembre de 1890, el gobierno conservador presidido por Cánovas del Castillo, acabó derogándolo.

            La Compañía, aunque se vio obligada a pagar indemnizaciones a los agricultores que acallaron algunas protestas, siguió campando a sus anchas y continuó utilizando impunemente el sistema de calcinaciones al aire libre. La última telera se apagó en 1907, diecinueve años más tarde de aquella manifestación. Y no fue por decreto sino porque se aplicaron otros procedimientos más productivos y rentables.

Manuel Domínguez Cornejo y Antonio Domínguez Pérez de León

LA VERDADERA HISTORIA DEL AÑO DE LOS TIROS (IX)

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Algunas cuestiones pendientes.

Foto: Las escombreras de los alrededores de Riotinto fueron el lugar donde probablemente fueron enterradas algunas de las víctimas

Narrados los hechos, los lectores interesados puede que deseen profundizar en algunos aspectos no totalmente aclarados, tales como: ¿Por qué los terratenientes Ordóñez Rincón y Lorenzo Serrano se marcharon  del Ayuntamiento de Riotinto antes de los disparos? ¿Por qué hubo esas discrepancias sobre el número de muertos? ¿Qué pasó con los cadáveres? ¿Tuvo el suceso realmente tanta resonancia a nivel nacional?

            Con respecto a por qué Lorenzo Serrano y Ordóñez Rincón se ausentaron del Ayuntamiento, pueden apuntarse muchas conjeturas, todas ellas posibles; pero hay una que probablemente sea la que más se acerque a la realidad. La biografía de Ordóñez Rincón publicada por su nieto Rafael Ordóñez Romero  dice que este hombre pertenecía en aquellos momentos al partido liberal que formaba parte de la colación de gobierno que presidió Sagasta. Ahí puede estar la clave. El gobernador era el representante del gobierno en la provincia y por tanto tenía afinidad política con José María Ordóñez. Puede que al llegar al Ayuntamiento tuviera una breve conversación con él y le comunicara su  firme resolución de disolver la manifestación por cualquier medio. A partir de ahí es posible que ambos dirigentes de la liga antihumos, advirtiendo el cariz que parecían tomar los acontecimientos, decidieran retirarse de la escena. En cualquier caso es una coincidencia bastante extraña que la ausencia de estos hombres se produjera con la entrada del gobernador en el Ayuntamiento.

            Respecto a si realmente el hecho tuvo la resonancia que se le quiere dar hoy no hay duda, los sucesos del 4 de Febrero de 1888 ocuparon las primeras planas de las noticias en los periódicos nacionales y la prensa se ocupó de ello durante bastante tiempo. Hubo periódicos que se posicionaron a favor de la compañía, como fue el caso de La Provincia, El Día, La Época y El Globo. Y hubo otros que lo hicieron a favor de los mineros o de la Liga Antihumista, como fueron: El Reformista, La Coalición Republicana, El Correo de Sevilla, El Socialista, El Clamor y El Imparcial por nombrar sólo los más destacados. Entre los periodistas cabe mencionar a dos: José Nogales, nacido en Valverde del Camino, que se preocupó por esclarecer los hechos, dando una versión contraria a la oficial,  y el periodista zalameño Juan Cornejo Carvajal que publicó una  larga serie de artículos defendiendo la posición de los pueblos, artículos que recogió mas tarde en un libro publicado en 1892 con el título "Los Humos de Huelva".

            Pero no sólo la prensa se ocupó de lo ocurrido; en los días posteriores al suceso hubo un intenso debate en el Congreso de los diputados. Destacó en este sentido el diputado de la oposición Romero Robledo por sus intervenciones a favor de los pueblos, criticando la actuación del gobernador, aunque paradójicamente este diputado formaba parte del gobierno de Cánovas que dos años más tarde derogaría el decreto de prohibición de las calcinaciones.

            Hemos dejado para el final la cuestión más controvertida: cuál fue el número de víctimas y dónde fueron enterrados los muertos no reconocidos.

            Desgraciadamente no hay registros, entre ellos debía haber muchos que  no eran naturales de la comarca y habrían llegado de otras partes de España. El pueblo siempre habló de más de 200 muertos, pero esta cifra  hay que acogerla con reservas porque puede ser exagerada. En el extremo opuesto, la Compañía y el gobierno reconocieron 13 muertos y 43 heridos; pero es lógico que estuvieran interesados en minimizar los efectos de la represión. ¿Cuántas fueron entonces las víctimas de aquella represión? Para ello hay que recurrir a otras fuentes. Por ejemplo Romero Robledo, el diputado de la oposición, hablaba en sus intervenciones de casas en el alto de la mesa que se cerraron porque toda la familia asistió a la manifestación y no se volvieron a abrir, da nombres y apellidos de víctimas que nunca fueron reconocidas; por otro lado Juan Antonio López, el miembro de la comisión que discutió con el gobernador, afirma en su declaración que al atravesar la plaza después de la masacre observó que  había un gran número de muertos, entre ellos dos mujeres y un niño de alrededor de 10 años que tampoco figuran en la lista oficial. Contrastando todos los datos y testimonios creemos que la cifra de muertos subió del medio centenar, quizá unos sesenta o setenta, entre los que cayeron ese día en  la plaza y los que fallecieron los días siguientes en sus casas. ¿Dónde están entonces todos esos muertos? ¿Qué se hizo con ellos? Según algunos fueron recogidos en carretas por la noche y enterrados en fosas comunes en el cementerio  y entre las escombreras de las minas. En el pueblo de Riotinto la tradición oral señalaba unas zonas determinadas, cerca de la actual Bella Vista y en Zarandas; hay quien aseguró que algunos  fueron sacados de Riotinto en furgones de tren con destino desconocido. Nunca se hizo una búsqueda seria para encontrarlos. Según David Avery, de vez en cuando, al remover algunos terrenos, aparecían restos sin que nadie diera una explicación satisfactoria. La verdad quedó enterrada con ellos.  

   Manuel Domínguez Cornejo y Antonio Domínguez Pérez de León

LA VERDADERA HISTORIA DEL AÑO DE LOS TIROS (X y último)

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Conclusión.

            En los nueve capítulos anteriores hemos procurado narrar los hechos de forma  amena y atractiva, evitando la profusión de datos que pudieran hacer difícil su lectura. Puede que alguien piense que todo esto ha surgido por el estreno de la película de Cuadri, y en parte tiene razón, pero sólo en parte porque en realidad la investigación sobre los sucesos del 4 de Febrero la comenzamos ya hace bastantes años, interesados al comprobar cómo este hecho había pasado a formar parte de la memoria colectiva de nuestro pueblo. Zalamea la Real conservó el único vestigio en la Cuenca Minera de lo ocurrido aquel día, el monumento a Juan Talero levantado en la plaza que lleva su nombre el día 20 de Mayo de 1890. Talero, como ya apuntamos anteriormente, era un diputado liberal que aunque no se significó en los debates parlamentarios sí trabajo intensamente cerca del gobierno, a cuyo partido pertenecía, abriendo puertas a los miembros de la comisión de la liga antihumos e incluso hay quien asegura que estuvo detrás  de la publicación del decreto prohibiendo las calcinaciones. En cualquier caso su labor hubo que ser meritoria porque el pueblo de Zalamea le mostró su agradecimiento con el monumento antes mencionado y que él no pudo ver  porque había fallecido a los pocos meses de la manifestación.

            Hay otro aspecto que conviene resaltar para ser objetivo, y es que la compañía inglesa no  sólo trajo explotación de hombres y recursos a la zona, sería injusto no reconocer que junto a ello trajo también progreso y desarrollo. Riotinto conoció el ferrocarril en una época en la que la mayoría de las ciudades y capitales de provincias españolas sólo podían soñar  con él. En realidad lo que subyace detrás de esta movilización que culmina con la masacre de aquel sábado de Febrero no es otra cosa que el clásico enfrentamiento entre dos sistemas económicos, uno del antiguo régimen, basado en la agricultura y en la ganadería, con el cacique como figura destacada, y otro sistema moderno, derivado de la revolución industrial. Ambos colisionan y el choque fue decantándose a favor del último.  La Compañía inglesa acabó ostentado el poder casi absoluto en la zona de las minas e influyendo notoriamente en los medios gubernamentales de la provincia. De tal manera que algunos años más tarde, a principios del siglo XX, a uno de los directores de las minas, Walter Browning, se le conoció popularmente como el "rey de Huelva".

            Hemos referido anteriormente que en todos estos años de investigación hemos conseguido datos de fuentes muy variadas: publicaciones de la época, trabajos editados recientemente, el impresionante debate de las Cortes reflejado en el diario de sesiones, declaraciones de testigos presenciales; pero ninguna de ellos nos ha impresionado tanto como la tradición oral que se ha ido transmitiendo de generación en generación y que después de más de cien años aún hemos podido recoger. De esta manera han llegado hasta nosotros  historias, contadas por personas que referían haberlas oído a sus mayores, como la de aquella mujer que huyó angustiada después de los disparos escuchando los cascos de los caballos que la perseguían; o la de aquella otra que atemorizada esperó hasta altas horas de la madrugada en las afueras del pueblo, escondida, para llegar a su casa, por temor a ser detenida. También la historia de aquel hombre que en el momento de los disparos fue arrollado por la gente y que consiguió levantarse a duras penas para refugiarse en casa de unos familiares del pueblo de Riotinto.  Al cabo de unos días regresó a su casa, hondamente impresionado, arrancó la hoja del calendario, la enmarcó en un pequeño cuadro negro y lo colgó de la pared ordenando a su familia que nunca lo quitaran de allí, y sus descendientes respetaron su voluntad, y allí quedó colgada desde entonces donde nosotros tuvimos la oportunidad de verlo mientras su nieta, ya anciana, nos lo contaba. Historias que después de todo este tiempo siguen sobrecogiendo el corazón de quien las escucha.

Nuestro deber es trasmitirlas para que nuca caigan en el olvido.

Manuel Domínguez Cornejo  y Antonio Domínguez Pérez de León

REUNION DE SOCIOS DE JARA

El próximo viernes 29 de junio y los siguientes viernes 6, 13 y 20 de julio a las 21:00 horas, en el local de la asociación, en los altos del hogar del pensionista, tendremos cita todos los socios de cistus JARA para continuar con los preparativos y organización de las IV JORNADAS MUSULMANO CRISTIANAS que se desarrollarán en la última semana de julio.

Necesitamos la colaboración de todos los socios así como cualquier otra persona interesada en la organización de las jornadas.

Aquellos socios que deseen hacer alguna sugerencia pueden enviarla a través del apartado de comentarios que figura al final de esta noticia.

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